Los debates continuos sobre dónde se quedan cortos los grandes modelos de lenguaje — en razonamiento riguroso, matemáticas precisas o hechos verificables — no son una razón para evitar la IA. Son una razón para ser precisos sobre su lugar. Un modelo que redacta, resume o sugiere es potente; uno al que se confía la última palabra sobre algo exacto es un riesgo.

Asignamos cada función de IA a lo que los modelos hacen realmente bien, y añadimos verificación, recuperación o revisión humana donde la corrección no es negociable. El objetivo no es ocultar los límites sino diseñar con ellos en mente — para que el producto sea seguro donde puede y prudente donde debe.